
Yo de vestíos no entiendo;/
pero de veras me gusta.../
el lirio que vas poniendo/
margarita que mandando/
perlada de lagrimitas/

Un coponcio que ni el cura se supo soñar con él./
Perlada de lagrimitas o de besitos del agua/
diamantes que pareciera exudar./
Y ese coponcio de lirio/
que tomado como símbolo sexual/
desmayase hasta al Papa,
y no este Benedicto,
sino que resucitase al muerto, él tan sobrio,
él tan entregado a su teatro de poder.
Rosas son las rosas... y también los lirios y las margaritas.
Mi rosa es rosa, la tuya no sé.
Ella lo dijo al revés:
Tu rosa es rosa... la mía no sé.
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