Pues una no sabe si atenerse a la simple misoginia presente en casi todos los que han escrito (Misoginia tan despreciable pensando que ellos han escrito o han hecho ciencia, ya no gracias a los capitales que sus padres pusieron a disposición de esos hijos varones, sino al haber dado en todos los tiempos, incluso los nuestros y de nuestras sociedades que contemplan a tantos hombres feministas o por los derechos de la mujer, esos derechos que a la mitad y más de la humanidad, mujer, se le niegan incluso ahora, al haber dado a la graciosa secretaria o chacha o sacrificada mujercita que ofreciese no ya únicamente su vida sino su vida póstuma a beneficio de esos mismos misóginos tan fundamentados); o a las relaciones triangulares que la homosexualidad masculina inconfesa, o confesa, de tantos que han escrito, le obligaba a imponer a sus relaciones con mujer alguna, relaciones triangulares con sus albaceas literarios masculinos.
Pero es mejor que hagamos la vista gorda sobre ese relato despreciable, si queremos disfrutar con sus restantes ironías respecto a lo social, si queremos disfrutar con su certero profundo y pormenorizado hasta el enfermizo detalle análisis de la conciencia global. Es mejor que no recordemos su edípica, hasta la masturbación masoquista, obsesión con el padre.
Mejor que no entremos a pensar qué le hizo dedicarle uno de sus relatos obsesos a objeto de tan profundo desprecio, "Una mujercita", que le deja, efectivamente, como ya se sospecha dentro de su relato, a él con el culo o sea el intelecto al aire del análisis. Esa saña en rebajar lo que él mismo exalta dedicándole un desmenuzante despellejante relato como sólo se le pudiese ocurrir a la pluma pérfida de un mariquita que jamás se confesó sus inclinaciones si pudo sustituirlas por albaceas literarios dispuestos a triángulos, o padres dispuestos casi a lo mismo. No compartir la madre con el hijo; pero casi casi, ser el sacral objeto de la devota-enfermiza atención de hijo tan "perfectamente" educado como para confundir sus inclinaciones naturales con alguna clase de castración psicológica hecha sobre él por su progenitor.
Esto último, de lo cual extraemos la enseñanza de lo muy conveniente que es disfrazar con enfermedades imaginarias (y ojalá modelo de estas enfermedades fuesen los Moliere y no los Freud y compañía) aquella naturaleza de uno que le enfrenta a toda una sociedad, lucha tan desigual que siempre perdieron todos los, SOBRE TODO LAS, que la enfrentaron.
"Vos no está sola": La voz de Alejandra Pizarnik desde otra vida. "Sólo veo rosas/sangre desflorada/alma mía de nieve": resumiendo en vivo y a un terceto la Comedia del Dante.
"La rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos" Alejandra Pizarnik-en esta vida
"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-
"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-
Solo soy pura rebelión, vino a decir... aunque no sola estás
Vos no está sola. Y esta rebelión se hará. Y no desde la soledad. No desde cuatro gatos somos y por eso nos pisotean. ¡Una ola de Rebelión vendrá que tambaleará los cimientos podridos de estas sociedades.
28 agosto, 2009
17 agosto, 2009
"El cerebro y la naturaleza son una chapuza"... A lo cual sólo hay q añadir: Y los únicos dotados d medios para ejercitar ese cerebro, UNOS CHAPUCEROS
http://www.smartplanet.es/redesblog/?page_id=481 Este joven y por lo mismo (haber dejado tan atrás a tanto fantoche de la psicología, novelistas incluidos, maestros de tantos Freud con sus sandeces de novelas naturalistas o seudo lo mismo) genial psicólogo, de cómo no, la Universidad de Nueva York, allí ejerciente, al que verán, si ya no lo han hecho, en este enlace a los capítulos en red del programa, uno de los pocos que merecieron la pena existir en toda la historia de, aventuremos, todas las televisiones, no sólo hispanas, "Redes". Autor de las palabras que reproduzco en el título de esta entrada "El cerebro y la naturaleza son una chapuza"... Y los únicos dotados de medios u oportunidad para ejercitar y ejercer de ese cerebro: UNOS CHAPUCEROS. La chapucera vida no se traicionaría a sí misma y su eónica trayectoria dejando en libertad de ejercer o ejercitarse a otros cerebros menos chapuceros que los que se encarga, mediante la circunstancia, de colocar a la cabecera de los aconteceres intelectuales históricos. Si no eres "acontecer" de esa índole, ni existes compadre, comadre mía, no te esfuerces.
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