G. Santayana. Aquel filósofo nuestro que de madre española-filipina, patria norteamericana, y eso que padre español (no debió tener el hombre muy buen concepto de la figura materna cuando ni se casó, eso sí no abandonaron él ni la riqueza materna aquello de ser conquistados o asimilados dejándose de conquistas, hay que saber cambiar de bando cuando las cosas se tuercen y en vez de ser los “últimos de Filipinas” no dejar de ser nunca los primeros con algo, que si no España que no supo defender nuestras riquezas de colonizadores, pues bien vale Norteamérica que se las asimiló) en sus “Pequeños ensayos”.
Nacer es abrirse de piernas de un modo funambulesco,
no basta con abrirse de brazos.
Aunque como de brazos se abra
aquello que das a luz,
mientras…
Ya sería jodío niño
negándose a cumplir su obligación
de abandonar el nido.
Bebé de la generación nini,
ni estudia ni trabaja ni se va de casa,
como es lo suyo,
como fue lo suyo en todos los tiempos.
¿Dónde hubiesen ido los clanes
de sus integrantes partir,
así, sin más intrigas?
Si nacimos sociales,
nacimos sociales a las maduras y a las duras.
¿Ahora de qué se quejan
estos padres siempre insatisfechos?
¿Cuando conviene clan y panda
y cuando no conviene no?
Y nos recuerdan palabras de nacer y muerte, este nacer visto como algo ridículo por Jorge de Santayana, palabras de nacer y muerte en Alejandra, aunque en ella ese nacer fuese además de grotesco, lúgubre:
El nacer, que es un acto lúgubre, me causaba gracia. El humor corroía los bordes reales de mi cuerpo de modo que pronto fui una figura fosforescente: el iris de un ojo lila tornasolado; una centelleante niña de papel plateado a medias ahogada dentro de un vaso de vino azul. Sin luz ni guía avanzaba por el camino de las metamorfosis. Un mundo subterráneo de criaturas de formas no acabadas, un lugar de gestación, un vivero de brazos, de troncos, de caras, y las manos de los muñecos suspendidas como hojas de los fríos árboles filosos aleteaban y resonaban movidas por el viento, y los troncos sin cabeza vestidos de colores tan alegres danzaban rondas infantiles junto a un ataúd lleno de cabezas de locos que aullaban como lobos, y mi cabeza, de súbito, parece querer salirse ahora por mi útero como si los cuerpos poéticos forcejearan por irrumpir en la realidad, nacer a ella, y hay alguien en mi garganta, alguien que se estuvo gestando en soledad, y yo, no acabada, ardiente por nacer, me abro, se me abre, va a venir, voy a venir. El cuerpo poético, el heredado, el no filtrado por el sol de la lúgubre mañana, un grito, una llamada, una llamarada, un llamamiento. Sí. Quiero ver el fondo del río, quiero ver si aquello se abre, si irrumpe y florece el lado de aquí, y vendrá o no vendrá pero siento que está forcejeando, y quizás y tal vez sea solamente la muerte.
La muerte es una palabra.
La palabra es una cosa, la muerte es una cosa, es un cuerpo poético que alienta en el lugar de mi nacimiento.
La muerte es una palabra… Terrible, terrible palabra, fea como pocas, como pocas criminal. La muerte y el nacer como lo mismo, aunque viésemos lo cómico de lo último, último que fue siempre primero, nacer, cuando tan lúgubre. Imprescindible para estar aquí ladrándole palabras… a lo mismo terrible.
“Y yo una gloria os daré que más que hijos e hijas”. Se dijo para consuelo de los que nos quedamos sin experimentar eso terrible del abrirse de piernas, eso funambulesco y hasta grotesco irrisible, de poner sobre el mundo otra tragedia más u otra gran juerga que, ambas, acabarán en la meta común que nos recuerda Séneca:
“La muerte está en todas partes. Por un favor insigne de los dioses, si cualquiera puede arrancarle al hombre la vida, ninguno empero puede arrancarle la muerte; mil caminos conducen a esta meta”.
Esa meta común para la tragedia y la gran juerga tan de escalofrío por lo de injusticia, que la paga sea idéntica.
Eso terrible del abrirse de piernas, que al menos la que lo pare lo paga; pero ¿y el que la puso a parir? ¿Qué paga éste? Esa injusticia de la meta idéntica para la tragedia y la gran juerga que decíamos. PAGA SU LO QUE SE DIVIRTIÓ para que la otra se abriese de piernas ridícula tremendamente, SU LO QUE SE DIVIRTIÓ arrancándoles del limbo, nido, a la NINI generación de los nonatos que de habérseles consultado por Ni Ni nacer hubiesen optado, no ya ni estudian, ¿dónde el aula?, ¿en qué sociedad del descerebre donde sólo es gratis delinquir al precio de las aulas y los libros, al precio de la ninguna salida, vivo enterrarte si optas por el libro que NI puedes comprar en lugar de por la delincuencia mejor camino para tener algo que vender tú y todos compren?; no ya ni trabajan, ¿cómo?, ¿en qué?, ¿quién paga los salarios que no sean de hambre, del estar encadenado de por vida al idéntico lugar del no prosperarás nunca?
Un buen cuerpo poético el que alienta en el lugar del nacimiento
"Vos no está sola": La voz de Alejandra Pizarnik desde otra vida. "Sólo veo rosas/sangre desflorada/alma mía de nieve": resumiendo en vivo y a un terceto la Comedia del Dante.
"La rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos" Alejandra Pizarnik-en esta vida
"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-
"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-
Solo soy pura rebelión, vino a decir... aunque no sola estás
Vos no está sola. Y esta rebelión se hará. Y no desde la soledad. No desde cuatro gatos somos y por eso nos pisotean. ¡Una ola de Rebelión vendrá que tambaleará los cimientos podridos de estas sociedades.
Grupo poético de Sombra & Sombra Dentro de mí con ella que es yo
El extraño caso de una generación fundándose a sí misma
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