"La rebelión es mirar una rosa hasta pulverizarse los ojos" Alejandra Pizarnik-en esta vida

"Solo veo rosas" Alejandra Pizarnik-más allá de esta vida-

Solo soy pura rebelión, vino a decir... aunque no sola estás

Vos no está sola. Y esta rebelión se hará. Y no desde la soledad. No desde cuatro gatos somos y por eso nos pisotean. ¡Una ola de Rebelión vendrá que tambaleará los cimientos podridos de estas sociedades.


19 noviembre, 2010

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Esa manía persecutoria de las gentes del norte de este país a los del sur del mismo, aquí en la poesía también y de parte del vasco Celaya, esta vez, al sevillano Bécquer:
“La mezcla de bohemia y dandismo, mugre de la peor especie y pretensiones de distinción aristocrática, fueron típicas de Bécquer en todas las épocas de su vida. Porque cuando su situación cambió pudo verse que no había en él tanto pobreza como abandono y descuido”.

Y todo ¿por qué? Bécquer era conservador, considerábanlo derecha los intelectuales de la anteguerra entreguerra postguerra civil nuestra. Como si desconociésemos de Larra aquello de las alternancias de gobiernos que duraban menos que un suspiro –ya hubiesen querido que tanto como su corrupción los ejercientes, más bien chupópteros de los cargos- en la monarquía anterior a la que ahora opera, los tan perros tan inmorales de los conservadores y liberales. Como si hubiese desconocido estas palabras de Larra el sr. Celaya para ponernos a parir de esta guisa al pobre Bécquer, cuando el único período decentemente remunerado de la breve, por llena de privaciones, vida del poeta sevillano fue aquel carguillo lastrado de trampas de fiscal de novelas que se granjeó por el hecho de ser conservador, aunque ¿cuánto lo ejerciese? Y el ser conservador incluso menos que ser censor de novelas que le permitió vivir bien por primera vez en su vida y por el tan larguísimo período de apenas tres años.

Tal vez el sr. Celaya no aspiró a vivir bien su vida, aunque por desgracia es lo que le sucedió y aun estando afiliado clandestinamente al partido comunista en la España de Franco. Tal vez su partido fue, es, algo más linajudo, sociológicamente hablando, que el conservador al que estaba inclinado Bécquer; ¿por ello a la izquierda, ya en los tiempos de la República un reino de taifas donde todos estaban a la greña por el poder, incluso no importándoles que con ello perdían la guerra contra el enemigo común, el fascismo alzado en armas de más de la mitad del ejército español contra la legalidad de la República; por ello a esa izquierda no le importó pactar con un rey sucesor del dictador las condiciones de su rendición, hecho al cual llamaron democracia?

Y como el párrafo citado arriba, es todo el semblante biográfico que nos traza del malogrado Bécquer. Para muestra este otro donde incluso las alabanzas son insultos, esos comedidos insultos disfrazados de literatura de arte y ensayo que los peores poetas o los ningún escritor, a más nombre que se hayan fabricado y todo gracias a los partidos políticos en los que militaron, dedican a los que les superan, aprovechando más que los fallos literarios de éstos o incluso el hecho de no ser políticamente correctos para las doctrinas politiqueras que imperen en una época, las grandísimas dificultades materiales en las que tuvieron que luchar para impedir que se les redujese a polvo hasta mucho antes de la muerte prematura a la que están abocados los así maltratados por la vida; y después de decirnos que unas palabras de Bécquer, TAN CRÍTICA SOCIAL, AUN EMITIDA POR BOCA DE UNO AL QUE CONSIDERAN CONSERVADOR, COMO LAS QUE PUDIERON O PUEDEN PRONUNCIAR ELLOS LOS QUE SE AUTOCOLOCAN AL LADO DE LA MASA, DEFENSORES DEL PUEBLO CUAL “CUM LAUDE” UNIVERSITARIO QUE AÑADIR AL CURRÍCULO, no lo son:

“Lo curioso es cómo en esta época pueden convivir el mejor Bécquer y el más deleznable sr. Domínguez (Hemos de decir que ambos, Domínguez Bécquer, eran verdaderos apellidos del poeta sevillano. Del mismo gracioso modo que el sr. Celaya y Gabriel, también fue Rafael y Múgica, Juan y Leceta, y todos ellos eran nombres y apellidos auténticos de Celaya, con lo cual más parece él el de pretensiones aristocráticas, sólo a éstos y a sus advenedizos fans es achacable el gusto por tantos nombres de pila, en el caso de Celaya tres por sólo dos en Bécquer. ¡Y hasta si no hubiese sido Bécquer nombre natural de él! ¿No vive la entera literatura de nombres falsos? Utilizado por unos con el infantilismo del “nombre artístico” que tanto suena a querer la literatura parecerse al mundo de las cabareteras; o por otros explotado debido a que de lo que se dice tal pluma firmó, vaya usté a saber lo que salió de esa pluma. ¿Que Gustavo prefirió el sonoro Bécquer dadas sus connotaciones aristocráticas? ¡Y qué jodienda importancia tiene esto! También lo pudo elegir por su sonoridad: No es lo mismo un plano Domínguez --que en "Celaya" ya está implícito eso de la planaridad, lo lleva en sus etimológicas raíces-- que un sonoro Bécquer) Lo milagroso, y no ya curioso, consiste en cómo de un hombre vago y orgulloso, borracho y putañero, sucio y enfermo, carca y oportunista, pretencioso y venal, puede surgir una poesía en la que todos nos sentimos a una porque a todos nos levanta a una especie de pureza (Y nos hubiese podido explicar el sr. Celaya cómo puede algo, alguien, no puro elevar a una pureza careciendo de la misma) Y es curioso –repito- y esto es lo que más hay que tomar en cuenta, que la transfiguración del poeta Bécquer (¡Aleluya de los comunistas siendo más papistas que el Papa y creyendo en las transfiguraciones!) se produzca precisamente cuando cae más bajo el sr. Domínguez, pero no como quien abandona a éste despojándose de él como de una escoria o un residuo, sino al revés, tomándolo en sí mismo con más fervor que nunca, reviviéndolo y –repito- transfigurándolo, por no decir aprovechándose (sobredimensiono yo la aseveración de Celaya por lo clarificadora de su discurso) de él.”

Vamos, putamente acabemos con todos estos retorcidos del norte, a los que debo conocer muy bien ya que más de la mitad de mi sangre es gallega por esa otra menos de la mitad más iluminada y recta andaluza, la pureza del aspirante a aristócrata –según Celaya- Bécquer viene del pobre, impuro, sucio, tramposo y rastrero sr. del pueblo Domínguez. Con lo cual válgame un comunista para destacar cuán azul, por pura, puede ser la aristocrática sangre, por lo sucia de lo roja de la del pordiosero Domínguez que ha de vivir de sus trampas si quiere vivir de algo. Aunque el discurso comunista está claro: El aristócrata y puro lo llega a ser explotando al hambriento Domínguez. ¡No se imaginó ni en sus más enfebrecidas inspiraciones el sr. Bécquer llegar a ser él solito todo un campo de batalla para la lucha de clases!

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